Sueños rotos: Esclavismos del Siglo XXI

En este video se ve a Alem Dechasa que había huido de casa supuestamente buscando apoyo en su Consulado y supuestamente huyendo de su “patrón” Ali Mahfouz, intenta negarse a regresar con él. Pelea y se niega, pero los transeúntes no intervienen y es obligada por la fuerza a “entrar” en el coche.

 

En el video Ali insiste “¡súbete ya! ¡Venga súbete!” Pide que acerquen el coche. Ella niega constantemente . Nadie interviene o llama a una ambulancia.

 

Alem Dechasa ha muerto a los 33 años. No es la primera ni será la última.

Alem dechasa es una entre millones de mujeres presas del esclavismo moderno del siglo XXI. Llegó al Líbano como tantas otras mujeres en busca de un trabajo con el que mantener a su familia en su país, en este caso Etiopía.

 

La esclavitud de estas mujeres es doble: por el racismo legal y social que les reduce a personas de segunda en Líbano y por sus propias familias que generalmente prefieren “sacrificar” la vida de una de sus hijas, hermanas o mujeres para mantener al resto en casa.

 

El caso de los suicidios es sintomático en Líbano. Hace tres años el número de “suicidios” mensuales de trabajadoras domésticas etíopes llegó a 8. ¡Ocho mujeres se “suicidaban” cada mes! Dos por semana y eso que se supiera. De ahí, el consulado etíope informó al gobierno de su país que decidió romper los lazos con el gobierno libanés y prohibir toda llegada de nuevas trabajadoras domésticas etíopes. Las mujeres etíopes, empujadas por sus familias o por la necesidad, siguieron viajando ahora mas desamparadas al hacerlo ilegalmente vía Dubai u otros países del Golfo gracias a las agencias que juegan un rol primordial en la esclavitud moderna.  Los casos de suicidios eran confusos y en muchas ocasiones llegaban bien como consecuencia de maltratos físicos y psicológicos bien como asesinatos encubiertos.

 

Se cuentan unas 30,000 trabajadoras domésticas etíopes en Líbano pero agrupaciones de mujeres etíopes aseguran que hay otras 40,000 de forma ilegal haciendo un total de 70,000. Las etíopes están entre las nacionalidades dominantes en la comunidad de trabajadoras inmigrantes en Líbano, junto con las filipinas, senegalesas, srilankesas e indias. Se estiman entre 200,000 y 350,000 trabajadoras domésticas en el Líbano; la mitad de ellas han entrado de forma legal. Para eso hay unas 500 agencias intermediarias en Líbano, que se dedican a facilitar la explotación.

 

No hay gran diferencia entre la entrada legal o ilegal de las jóvenes mas allá de si tienen un cónsul nativo en Beirut ya que la mayoría de los consulados de estos países son honorarios y los lleva un libanés con poco o menos interés en sus vidas.

 

En Líbano hay hoy un vacío legal o mas bien un hueco ilegal donde caen estas mujeres ya que una pequeña anotación a pie de página en el código laboral libanés reza “se excluye a las trabajadoras inmigrantes”. Es decir no hay ley que ampare a estas mujeres (ni a otros inmigrantes sea dicho de paso).

 

Muchas organizaciones luchan por los derechos de las trabajadoras domésticas en Líbano, la mas notable Kafa. Entre los puntos que combate esta ONG están los siguientes:

 

1-    El Contrato: Existe un modelo de contrato único en árabe e inglés. Muchas de estas mujeres no saben leer ni árabe ni inglés por lo que firman un cheque en blanco. Igualmente en los contratos se estipula un horario laboral semanal y se concede un día de permiso. Aquí hay dos problemas: primero las mujeres trabajan jornadas interminables y no reciben ningún día libre a la semana; segundo, el día libre no se precisa que sea fuera de casa, así se considera que dar menos trabajo el domingo a la trabajadora es el día libre.

2-    Sistema de Tutelaje o patrocinio: Las mujeres deben tener un patrón o tutor que nada mas aterrizar le confiscara el pasaporte y sin cuya autorización no podrá ni abandonar la casa para un paseo. Esto ha convertido a las trabajadoras inmigrantes en menores de facto sin ningún derecho. Sin contar las consecuencias psicológicas de no abandonar una misma casa en semanas, ver meses y no descansar ni un día a la semana.

3-    Sistema legal parcial: En el caso de que una trabajadora sea vejada, violada, abusada, golpeada o insultada, ésta aun si grabara con el móvil lo ocurrido (hay casos que lo han hecho alentadas por abogadas de ONGs con el fin de obtener pruebas) tienen muy pocas posibilidades de llevar a la Madame (como se denomina a la tutora) a los tribunales. Aquí ha de notarse que generalmente los abusos provienen por parte de la mujer libanesa y no del hombre. Basta con que la Madame le denuncie por robo que la joven ya estará condenada. Generalmente una vez la joven se escapa tras un abuso o vejación, la Madame acude inmediatamente a una comisaría para denunciar que la trabajadora doméstica huyó tras robar un collar de oro o cualquier otra joya. De ahí la trabajadora doméstica pasa a ser una criminal y será arrestada y puesta en lo que se llama un centro de detentación hasta que se celebre su juicio. Este centro de detención no es más que una cárcel bajo el puente adyacente al Ministerio de Justicia libanés cerca del área de mathaf (museo), en un sótano donde en una celda se apiñan entre 30 y 70 mujeres sin colchones suficientes y con la visita de un médico de  la organización Cáritas una vez por semana durante dos horas para todas las mujeres allí encerradas. Así pueden permanecer hasta 7 meses o un año que sea la vista y generalmente será repatriada (ella se pagará su viaje) o será enviada a prisión.

4-    Las Agencias: estas agencias cobran tanto a las trabajadoras como a las Madames, por lo que se hacen de oro a costa de la miseria humana. Generalmente cobran el billete de avión a la Madame, tramites de la iqama (residencia) y gastos de servicios por un total de entre 1500 y 2500 USD como mínimo. Han proliferado como hongos en el país y la mayoría no están registradas. Generalmente te enseñan en un clasificador una ficha con foto incluida (las Madames las prefieren feas así no se encelan del marido) donde se elige a la futura “chacha”. De ahí se arregla el precio que se va a pagar que es mucho menos que el estipulado en el contrato. Generalmente se paga según la nacionalidad, las filipinas al hablar inglés y ser “discretas” pueden llegar a aganar 500 USD por mes, les siguen las srilankesas, luego las africanas como las senegalesas y por fin las etíopes o sudanesas que pueden ganar tan poco como 80 USD al mes por 24 horas al día 7 días a la semana. Nadie en el Gobierno libanés se encarga de controlar ni a las agencias ni que los contratos sean respetados ni tan siquiera de visitar a las chicas en las casas. Algunas mujeres trabajan por libre gracias a algunas mujeres libanesas con mentalidad de negocio que les cobran entre 1000 y 2000 dólares al año por hacerles los tramites de residencia que cuestan 500 USD.

 

 

Si los casos de Alem son los menos, el hecho de que fuera grabada ante la pasividad de los viandantes y que se suicidara varios días después ha permitido sacar de nuevo a la palestra uno de los mayores problemas que vive la sociedad libanesa en términos de racismo y que está deshumanizando a las trabajadoras domésticas en este país.

 

Si bien los maltratos físicos, abusos sexuales y asesinatos son los mínimo, los abusos verbales y las condiciones míseras de vida son mas bien la norma. No importa que la casa tenga 50 o 300 m2, el cuarto de la trabajadora será de apenas la extensión de una persona y el ancho de dos. Si tiene ventana tendrá suerte. Si le hacen un seguro será afortunada y se le tratan como una igual será una “reina”. Se venden en las tiendas de electrodomésticos en Líbano frigoríficos con cerradura, para impedir que la trabajadora doméstica coja comida. Las madames descargan su frustración en la trabajadora doméstica a quien pueden gritar cuando les plazca, castigar como quieran, y actuar como si fueran sus hijas a pesar de que muchas hayan pasado la cuarentena.

 

Alem Dechasa ha muerto a los 33 años, se ahorcó la semana pasada. La respuesta será que “estaba loca”. Y seguramente lo estuviera, como tantas otras entrevistadas que han pasado 365 días recibiendo golpes y abusos. O 365 días queriendo regresar a casa sin poder y sin recibir un solo céntimo. O simplemente basta como motivo 365 días en una casa sin salir ni hablar con ningún ser humano. Alem Dechasa ha muerto a los 33 años y muchas más morirán detrás de las cámaras.

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