Batalla campal por el Corazón del Cairo

Natalia Sancha-El Cairo

“Por cincuenta libras (seis euro) os vendéis contra vuestros hermanos, que hacéis?” grita un joven antimubarak, mientras sacude un billete en dirección al puente desde donde les bombardean a pedradas y cortes de manga. Al unísono le corean un centenar de jóvenes que en primera línea luchan por mantener sus posiciones.

La plaza Tahrir es un constante ir y venir de manifestantes, unos en sus tiendas de campana, otros al megáfono, rezando o dormitando. Pasados los controles de la plaza comienza lo que se antoja un autentico campo de batalla. Seguidores y detractores de Mubarak luchan por mantener o avanzar sus posiciones. Se organizan casi de forma natural, aunque la mayoría no había nacido cuando Egipto vivió su ultimo conflicto en el 73. Un barbudo en tunica pica adoquines, que se lleva en bolsas un joven con jeans ajustados y una camiseta de imitación de Dolce &Gabbana, para que un joven  a penas sin dentadura y seguramente venido de algún barrio marginado de El Cairo los lance. Un trabajo en cadena y solidario que dista mucho del pintado por algunos media sobre el monopolio de los islamistas en las protestas.

Las calles colindantes al museo nacional son un caos. Los enfrentamientos se desplazaban de calle a calle, reagrupándose los jóvenes mediante señales y silbidos. Mouna Khalil se lanza, esquivando proyectiles, cada vez que hay un herido, con gasas y esparadrapo en mano: “Deje a mi hija en casa y llevo aquí desde el primer día. Quiero ayudar a los jóvenes que luchan por librarnos de Mubarak”. Piedras, botellas, varas metálicas vuelan por doquier y se oyen tiros al aire hasta que un coctel molotov explota y varios hombres intentan apagar el fuego. De repente y de la nada,  un joven con una señal gigante de “prohibido el paso” por escudo escolta a los fotógrafos extranjeros protegiéndoles de los proyectiles. Un contraste brutal con el trato otorgado por seguidores de Mubarak a  la prensa extranjera que ha llevado a muchos a cubrir desde el lado anti-Mubarak. “Tenemos un baltagia” (infiltrados pro-Mubarak) se oye gritar a un joven . Con la cara medio cubierta de sangre, el hombre jura que no es un traidor. Unos intentan lincharle, pero se impone otro grupo y el hombre es encerrado en un edifico cercano.

“Bass, bass, bass” (Parar, parar, parar) gritan voces de ambos lados. Y por unos escasos minutos la lluvia de piedras cesa. Se oyen cánticos. Confusión. Y ambos grupos separados tan solo por una valla, se aproximan. “Somos hermanos, unámonos, paremos esto”, se escucha. Del otro lado, varios pro-Mubarak juntan sus manos con los brazos  arqueados sobre sus cabezas en señal de unidad, mientras otros, cogidos de las manos, las alzan hacia el cielo. “Ala es grande” se oye. Y trono’ de nuevo el zumbar de balas, y cada uno volvió a ocupar su puesto desvaneciéndose ese instante mágico. Mas tarde sabríamos que en esos momentos el primer ministro egipcio pedía perdón por la violencia del día anterior.

Conmovidos por la brutalidad de esos enfrentamientos, ciudadanos egipcios  vencían su miedo para acudir con bolsas repletas de comida, zumos e incluso material medico a Tahrir. “Yo no quiero tomar parte en los enfrentamientos”, reconoce Said que avanza entre los puntos de control como puede cargado de botellas de agua. “Pero quiero ayudar a nuestros hermanos que están luchando por nosotros”. Otros lo hacían en el hospital Qasr El Eini donde fallecieron antesdeayer 28 personas. Es el caso de Samir, de  30 anos, que no podía ocultar su decepción: “He venido a donar sangre, pero dicen que no necesitan del grupo A”.

Sangre que escasea en pleno epicentro de la batalla, donde Said Mahar,  jefe de la unidad del hospital Nasser relata la noche anterior: “No he pegado ojo, tuvimos diez heridos de bala y cientos con contusiones, cinco murieron”. Entre los supervivientes se encuentra Hamid Assiut, funcionario en la cincuentena que recibió un disparo en la pierna. “Vinimos aquí pacíficamente y esto es lo que recibimos de Mubarak. Éramos un grupo de seis y solo sobreviví yo, los otros cinco murieron”, casi susurra mientras se remanga el pantalón para mostrar su vendaje. Con muleta y convaleciente con un tiro en la pierna, Hamid se niega a abandonar la plaza de Liberacion. “ Saldré muerto de aquí, pero saldré cuando se vaya Mubarak”.

Los enfrentamientos prosiguen hora tras hora, ambos bandos determinados a conquistar o defender la plaza de la Liberación como si de ello dependiera el destino de Mubarak. La tensión en Tahrir y alrededores contrasta con otros barrios del Cairo como Zamalek donde varios grupos de jóvenes ataviados con gafas de sol y pegados a sus I-Phones disfrutan de un café late en el “Coffee Bean”. Otros, como el taxista Omar Saidi, a penas estan al corriente de la envergadura de las protestas. “ Yo solo quiero que todo regrese a la normalidad y vuelva el trabajo” admite Saidi.

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5 thoughts on “Batalla campal por el Corazón del Cairo

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  2. natalia-nina : gracias x informarnos de los echos en el medio oriente,saludos desde chihuahua,mexico.centro de estudios de la revolucion bolivariana.vivan los pueblos que luchan x su liberacion en el medio oriente y en cualquier parte del mundo.

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