Entrevista a Michel Kilo: Siria, una perspectiva interna

Natalia Sancha

“No creo que vaya a haber una guerra civil en Siria. No hay que usar las armas en un conflicto cuyos objetivos son democráticos. Se trata de un error estratégico”.

Michel Kilo, escritor e intelectual sirio, colabora en reconocidos diarios árabes y panárabes como As Safir o Al Quds al Arabí. Oriundo de Latakia, al igual que los Assad, firmó y lideró la Declaración de Damasco de 2005, donde un grupo de opositores pedían la apertura del régimen y la normalización de las relaciones con Líbano. Su firma le valió tres años y seis días en la cárceles. “Un general me invitó a tomar un café a apenas 300 metros de mi casa. Llegué, se levantó y leyó un papel que decía: la institución de seguridad siria le arresta por trabajar contra el régimen. Fue muy cómico”.

A sus 71 años, Michel Kilo representa, junto a figuras como Fayez Sara o Georgette Atiyah, una generación de intelectuales  cuya oposición al régimen les ha llevado a alternar entre periodos de diálogo a estancias entre rejas. Desde el comienzo de las revueltas el pasado 15 de marzo, las protestas en Siria han tomado un cariz más violento al tiempo que la comunidad internacional y regional han abandonado su postura inicial de prudencia para abogar por una condena rotunda e imponer sanciones contra el régimen de Bashar al Assad…

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Jóvenes activistas sirios prosiguen la lucha desde su exilio en Beirut

Natalia Sancha- Beirut

Transcurridos seis meses desde que se iniciaran las revueltas sirias, el pulso entre los partidarios y opositores de Bashar el Assad se encuentra en un impasse.

Mientras unos toman las calles, decenas de jóvenes periodistas o estudiantes se lanzan a la batalla mediática para forzar la caída del régimen a través de lo que se ha convertido en el talón de Aquiles de los autócratas de la región en el siglo XXI: la opinión pública.

Shahin Mrawed, en la treintena, es uno de ellos. Junto con otros dos amigos organizaron manifestaciones al tiempo que proveían información a medios extranjeros y regionales. Activistas conocidos por el régimen, todos han pasado por la cárcel. “Si uno de los tres desaparecía debíamos desconectar los móviles, quitar las baterías y acudir a las dos horas a un café acordado”. Eso fue lo que ocurrió a finales de abril. No llegaron a tiempo a recuperar sus ordenadores y archivos que fueron confiscados por la policía secreta siria. Tampoco pudieron acudir a sus casas o recoger sus pasaportes. Al día siguiente cruzaron la frontera rumbo al Líbano con una tarjeta de identidad y el miedo en el cuerpo como equipaje.

Acogido por libaneses, Shahin se sigue sintiendo perseguido en Líbano. “Desde que llegáramos en abril, han desaparecido nueve activistas sirios en Líbano, a manos de hombres de Hezbolá y del Partido Socialista Nacional Sirio”. Prosigue las actividades en la red y desde Beirut asiste a sus compañeros en Siria embarcándose en el contrabando de teléfonos satélites y cámaras de video que envían a través de la frontera norte; una de las rutas ilegales que se han creado para abastecer a la resistencia siria desde Líbano.

Rotando de café en café en las calles de Beirut, Shahin solo necesita de un móvil y un ordenador para proseguir al lucha. “Después del libro rojo y del libro verde, tenemos el libro azul: Facebook”. Shahin no deja de repetir “nosotros”, “nosotros”. Pero ¿quiénes son nosotros? Sonríe, “la oposición”. No obstante a pesar del sueño de unidad admite que no hay un órgano de coordinación. La fractura generacional también se hace notar. “Muchos de los manifestantes no conocen a los 425 como llamamos a los activistas de la vieja guardia. Ellos temen una guerra. Tienen tanto miedo que frenan su discurso quedándose en meras reformas sin llegar a entender el lenguaje de la  calle o de la red”. A pesar de ello los jóvenes, asegura Shahin, están creando vías de comunicación con los políticos de oposición. Ellos se ocupan de la logística y de asegurar el apoyo en las calles y los políticos de dar contenido a un programa alternativo hoy inexistente.

Este joven activista se muestra escéptico ante el apoyo de la comunidad internacional. Asegura que jóvenes de la oposición siria se reunieron en Bruselas informalmente con representantes chinos y rusos. “Nos dieron por respuesta que hasta que no hubiera 12,000 muertos no intervendrán”.

Cientos de jóvenes activistas árabes comparten ese lenguaje común del “libro azul” destruyendo en la red las fronteras físicas que les separan. “Cuando Ben Ali cayó, todo cambió. Hoy mis amigos egipcios, sirios o tunecinos que soñaban con irse a Europa regresan para cambiar el futuro de sus países”.

 

 

 

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Intelectuales sirios: reforma o guerra civil

“ Yo no pertenezco a ningún partido político. Eso no existe en Siria. Tenemos un régimen fascista que sobrevive gracias a la máxima de dividir para vencer

Natalia Sancha- Beirut.

Entre la oposición siria se encuentran activistas en la red que monitorean e informan sobre los sucesos; los  manifestantes que hacen fuerza en la calle a base de números; e intelectuales y políticos -exiliados o no- de oposición que perfilan y tratan de dar contenido al discurso político por el cambio. Si bien cada colectivo desempeña un rol complementario, es difícil discernir el grado de coordinación entre ellos.

Georgette Atiyah Ibrahim es una opositora intelectual cuya actividad política le valió la cárcel en los años 70  por enfrentarse al régimen de Hafez al Assad. Alterna entre la enseñanza en la universidad parisina la Sorbona y la difusión de la causa de los intelectuales sirios reformadores en Líbano y Siria.

Nos encontramos con ella en una reunión a puertas cerradas en Beirut. Las cabezas canosas de los asistentes sitúan la media de edad en la sesentena. La mayoría de los 15 asistentes han pasado  por el partido comunista libanés o por los movimientos antaño socialitas.  ¿Qué podemos hacer? Preguntan una y otra vez. “Nada”, espetan los intelectuales sirios, “apoyar nuestra ideas”. No buscan interferencia externa sino empatía intelectual.

“ Yo no pertenezco a ningún partido político. Eso no existe en Siria. Tenemos un régimen fascista que sobrevive gracias a la máxima de dividir para vencer. No hay partidos independientes en este régimen”. Georgette pertenece a una clase intelectual siria de conocidos activistas en pro de las libertades políticas que han pagado entre rejas un lenguaje excesivamente liberal para el gusto del régimen de los Assad. No obstante, estos intelectuales que antaño abanderaban un discurso  vanguardista de  oposición aparecen hoy como moderados contestatarios que abogan por una reforma y evitan mentar la revolución.

Un discurso que conviene al régimen y que choca con la postura de los jóvenes. “La caída del régimen es un discurso político muy absoluto por parte de una juventud entusiasta, pero la realidad necesita de mucho mas tiempo. Si miramos a Egipto o a Túnez, ¿Podemos decir que ha caído el régimen? No. Tan solo el presidente. Hemos de ser realistas”.

Para esta intelectual siria, la particularidad del régimen impide clamar cambios radicales. “Esto es diferente de Egipto, aquí nos  tocaría una guerra civil”. Georgette rechaza tanto la colaboración con los islamistas sirios como toda colaboración con el extranjero. “Los regímenes extranjeros tienen su propia agenda en Siria. No soy partidaria tampoco del diálogo auspiciado ya sea Turquía o Qatar. Los norteamericanos quieren que Siria se convierta en una nueva Turquía. Pero todos aquellos opositores sirios que han protagonizado las conferencias en Estambul son desconocidos para nosotros. Queremos un diálogo en Siria y entre sirios. Hemos organizado ya tres conferencias en Siria y estamos preparando una  que reúna en setiembre a 300 miembros de la oposición entre kurdos, intelectuales y políticos sirios “.

 

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«Mejor que corten mi pierna aquí a que me corten la cabeza en Siria»

Natalia Sancha- Ouadi Kahled-frontera libanesa con Siria.

Unas treinta personas pudieron haber muerto desde el sábado en enfrentamientos entre opositores y simpatizantes del régimen sirio en Homs, según activistas de la oposición. Un salto cualitativo que llevó al régimen a desplegar ayer al Ejército en varias ciudades. Los choques tienen lugar después de que el fin de semana las ciudades de Hama y Deir Zor, en el noroeste, vivieran las manifestaciones mas multitudinarias, con un millón de personas, desde que comenzaron las revueltas, hace cuatro meses.

A pesar de ello, las cartas no están echadas. En el Líbano, más de 5.000 refugiados recobran fuerzas para regresar a su país. A cinco kilómetros de la frontera, cientos de ellos se hallan a la espera desperdigados por las ciudades libanesas fronterizas. Madmoun es libanés y trabaja en el campo en Machta Hammoud. «Los sirios nos acogieron en el 2006, cuando Israel bombardeó el Líbano. Nos dieron ropa, comida y cobijo. Hoy nos toca a nosotros acogerlos a ellos».

Una lona blanca cuelga de las puertas del colegio Imad. Más de cien hombres, mujeres y niños duermen sobre colchones esparcidos en las aulas. La mayoría provienen de las ciudades de Tel Kalaj o de Hama.

En la cincuentena, el Sheikh Abu Omar organiza a sus compañeros. Arrestaron a su hijo de 17, del que no tuvo noticias hasta pasados dos meses de su traslado a una cárcel. Casi pierde un ojo, pero sigue vivo. Abu Omar huyó con sus otros tres hijos y su mujer cruzando la frontera a pie. «Hablamos con la ONU, con la UE, pero no quieren darnos tiendas. El colegio empieza en septiembre. ¿A dónde iremos? Es una decisión política. No quieren darnos tiendas porque eso nos daría mayor visibilidad y mayor presión sobre Siria».

Omar confía en que el régimen caiga en poco más de un mes. Sobre las protestas insiste en que quieren que sean pacíficas. «Hemos vivido de cerca la guerra civil libanesa, la iraquí y ahora Libia. No queremos guerra. Pero si hubiera armas, Bashar habría durado dos días».

La presión económica sobre los pueblos libaneses aumenta conforme pasa el tiempo y los refugiados no pueden trabajar por miedo a ser repatriados si los identifican en un control militar. Ria, en la veintena, era profesor de inglés en Tel Kalaj. Es el último en llegar hace dos días al colegio Imad. «Una vez que nos identifican es imposible quedarse. No podemos dejar a nuestras familias porque las matarían. En Tell Kalaj, nueve personas regresaron del Líbano y las encontraron muertas en un camión. Uno de los cuerpos era de una mujer embarazada». El cruce ilegal a pie de la frontera es igualmente peligroso. «Los soldados sirios disparan desde la frontera en territorio libanés. Un hombre fue alcanzado en la espalda sin que los militares libaneses movieran un dedo».

Hamza es el refugiado más joven. No ha cumplido los seis años, pero lo busca la policía siria. «Entraron en nuestra casa y rompieron todo; el baño, los muebles. Hasta se comieron los helados y los tiraron al suelo», relata. Su crimen es haber cantado el eslogan de las revueltas ante un canal de televisión árabe. Es hijo único y su padre no se lo pensó antes de huir.

En los pasillos del colegio se oye el traqueteo de las muletas de Farhani. Le dispararon en una manifestación en Tell Kalaj. «Logré escapar y me trajeron al Líbano. Me operaron en el hospital más cercano, en el que entré con el carné de un libanés». De la escayola asoma un pie ennegrecido donde la gangrena empieza a extenderse. «Tenía que haberme sometido a otra operación en Trípoli, pero si me paran en un control me mandan de vuelta a Siria». Resignado, ha tomado una decisión. «Prefiero que me corten la pierna aquí a que me corten la cabeza en Siria».

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De regreso….El desafío de El Assad y las vacilaciones de Occidente

Tras unas largas vacaciones ya estoy de regreso y con nuevos planes para esta web. Por el momento aqui adjunto el último paper que he publicado en Política Exterior nº 142 (Julio-Agosto 2011)

Podeis acceder al orignal en la revista de Política Exterior nº142 o en la website pinchando en este enlace:

El desafío de El Assad y las vacilaciones de Occidente

El escenario de una guerra civil en Siria inquieta a toda la región: de Israel a Irán, de Líbano a Turquía, de Irak a Arabia Saudí. El jaque al régimen de El Assad activa las rivalidades entre suníes y chiíes.

 

A diferencia del Magreb, donde el comercio intrarregional no supera el 1,2 por cien del total y la interdependencia política de los regímenes es casi inexistente, en Oriente Próximo los intereses y las dinámicas fronterizas crean un vínculo cuya alteración tiene un efecto dominó en toda la región.

 

Tras la caída de Hosni Mubarak en Egipto y la expectativa abierta por el creciente papel que puedan obtener los Hermanos Musulmanes tras las próximas elecciones, el jaque interno al régimen de Bashar el Assad en Siria ha despertado serias inquietudes tanto en la comunidad internacional como en los países vecinos. Turquía no quiere perder un nuevo y prometedor campo de comercio ni ver a miles de refugiados invadir sus fronteras. Arabia Saudí mantiene la esperanza de recuperar una influencia predominantemente suní en la región ante la debilidad de antiguos rivales como Irak y Siria. Israel se debate entre la tesitura de perder un enemigo con el que mantiene más de tres décadas de paz fría o decantarse por el caos. Hezbolá y Hamás temen perder un aliado político y transmisor de la ayuda económica y armamentística que provee Irán. Líbano se tambalea ante la bipolarización política interna entre los partidarios y detractores del régimen sirio. Irán lidia con las protestas internas y la posibilidad de perder al único aliado incondicional en la región. Los países del Golfo se han congelado frente a la fuerza centrípeta que ejercen Arabia Saudí e Irán. Y la comunidad internacional se muestra titubeante ante el grado de firmeza que debe adoptar frente al régimen sirio.

 

En este contexto, un posible desenlace surge como el menos desfavorable para los actores interesados: un régimen sirio debilitado conviene más que la alternativa de la guerra civil o el vacío político. A pesar de los temores del resurgir islámico, los Hermanos Musulmanes sirios se encuentran en el exilio tras ser aplastados por el régimen en 1982 y con poca influencia política a pesar de su autoridad religiosa en el país. No obstante, las porosas fronteras con dos vecinos capaces de suministrar armamento, Líbano e Irak, alimentan el escenario de una guerra civil en una parte de la oposición siria, que defiende tomar las armas frente a la constante represión militar.

 

De sobrevivir a las revueltas populares, el régimen de El Assad no quedaría intacto. Entre las causas de las protestas están el contagio revolucionario regional, pero también el constante deterioro del poder económico del pueblo sirio, sin contrapartida en términos de libertades políticas o sociales. Con 22 millones de habitantes, un tercio se halla bajo el umbral de la pobreza. El 65 por cien de la población tiene menos de 35 años, con una tasa de paro del 20 por cien. El resto se gana la vida en empleos precarios. La inflación galopante neutraliza la tasa de crecimiento anual del PIB de entre el tres y el cuatro por cien. Teniendo en cuenta que la población aumenta un 3,26 por cien, y que cada año se incorporan al mercado laboral 250.000 personas, el régimen sirio o quien le reemplace se encontrará en la misma encrucijada económica que desencadenó la crisis. Los epicentros de las protestas sirias responden a demandas específicas para poner fin tanto al abuso de poder del clan alauí y la policía secreta, como a la corrupción, sin que llegue a cuajar una oposición nacional unida.

 

No es de extrañar que la primera víctima del disuelto gobierno haya sido Abdullah al Dardari, figura clave de la reestructuración económica de transición entre un régimen redistributivo a otro de mercado. Sin embargo, aun erradicando la corrupción ligada al clan El Assad, Siria no tiene recursos suficientes paravolver a una economía redistributiva cuyas subvenciones estatales costaron al régimen 8.000 millones de dólares en 2010. Por otro lado, a diferencia de otros regímenes autócratas de la región, El Assad mantiene el control total del régimen con la ayuda de sus familiares situados en puestos clave. Reformar el régimen implicaría desintegrar a la familia, y esta opción parece excluida de momento, a pesar de que el régimen podría haber optado por sacrificar a Rami Makhlouf –dueño de Syriatel y primo del presidente– quien representa para los manifestantes el símbolo de la corrupción ligada a los Assad.

 

Una gran parte del pueblo sirio también prefiere a un El Assad reformador. El resto de la oposición siria, que lleva décadas reclamando el respeto de los derechos humanos, puede ser relegado a un segundo plano si los actores regionales y la comunidad internacional optan una vez más por la “estabilidad”.

 

Pieza en el eje Irán-Hezbolá-Líbano-Hamás
Siria obtiene gran parte de su poder político por su situación geoestratégica en la zona, que a su vez deriva de su influencia sobre las dos milicias armadas más importantes y activas en la región. Por un lado, la milicia chií libanesa Hezbolá y, por otro, Hamás en Gaza. Se calcula que anualmente Irán aporta a Hezbolá entre 70 y 100 millones de dólares, incluido el suministro de armas. De ahí que la relación de Siria con la comunidad internacional oscile entre periodos de ruptura diplomática y otros de cortejo hacia el régimen de El Assad. Los papeles están divididos, con Siria generalmente considerado un apoyo más bien logístico y político a ambas milicias; Irán como el proveedor económico y armamentístico; y las milicias como el brazo ejecutivo armado, con gran capacidad desestabilizadora tanto en los territorios palestinos como en la frontera norte de Israel.

 

Esta situación concede a Siria un papel crucial en el eje Irán-Hezbolá-Hamás y, por tanto, en toda negociación de paz en el conflicto palestino-israelí. En consecuencia, numerosos expertos vaticinan que, con la caída del régimen sirio, o al menos su acorralamiento, este eje podría ser cortocircuitado, desvinculando a Hamás y Hezbolá de Irán y, de este modo, debilitando su sustento económico. No obstante, debilitar Siria bien podría alimentar una mayor autonomía de ambas milicias.

 

Hezbolá ha adquirido mayor poder a través de las armas y ha emprendido una metamorfosis política y militar, pasando de ser oposición a moldear el régimen libanés. Si bien en mayo de 2008 Hezbolá logró imponerse con las armas ante los desafíos de la oposición de la coalición del 14 de Marzo, con el pulso político planteado en enero Hezbolá logró derribar el régimen y reemplazar al primer ministro Saad Hariri. Aunque las armas le confieran gran parte de su poder político, su capacidad de colapsar cualquier régimen contrario a sus intereses se basa en su poder de veto en el Parlamento. Llegados a este punto Hezbolá ya no ejerce un poder neutro, de oposición sin responsabilidad, sino que despliega una injerencia cada vez mayor en los asuntos políticos y de la sociedad libanesa. Por ello, es previsible que cada vez más sus votantes exijan mayor autonomía política, tanto de Teherán como de Damasco. Un distanciamiento de Damasco podría impulsar una mayor autonomía de Hezbolá y de su papel como producto inherente a los problemas libaneses.

 

El destino y estabilidad política de Líbano también están ligados a Damasco. Así lo ponen de manifiesto los enfrentamientos internos libaneses frente al moribundo Tribunal Especial para el Líbano sobre el magnicidio del exprimer ministro libanés Rafiq Hariri, la guerra de mayo de 2008 o el colapso político libanés durante los últimos cinco meses. A ellos se suma la inestabilidad y presión que implica para los países vecinos la llegada de 8.500 refugiados sirios a Líbano y 10.000 a Turquía.

 

No obstante, si Irán decidiera mantener a Hezbolá en su órbita, como proxy a través del cual instrumentalizar su posición en la región, la debilitación de Damasco puede suponer un contratiempo pero no un impedimento fatal. Un ejemplo es la influencia que Arabia Saudí ejerce sobre el 14 de Marzo y las facciones suníes. El comercio de armas, la financiación e influencia política saudí en Líbano son más que visibles, y el hecho de no compartir una frontera, como en el caso de Siria, no ha sido impedimento para mantener estos lazos. Por lo que se abren vías alternativas de relación entre Irán y Hezbolá.

 

Acuerdo Al Fatah-Hamás
Hamás también está viviendo momentos decisivos como pleno actor político en la futura construcción de un Estado palestino. El acuerdo sellado en mayo entre Al Fatah y Hamás puede leerse en clave de una mayor independencia de esta organización frente a Siria o como una concesión y gesto de El Assad a la comunidad internacional.

 

Hay que tener en cuenta que Hamás puede protagonizar una recomposición estratégica en el nuevo tablero post-revolucionario que se dibuje en Oriente Próximo, tras la caída o tambaleo de los principales actores en el conflicto palestino-israelí. Por un lado, Irak sigue debilitado y apartado del juego regional. La caída de Mubarak ha propiciado por primera vez la entrada de los Hermanos Musulmanes egipcios, cuyo liderazgo en el nuevo Parlamento podría llevar la recomposición de la relación con Israel. Por otro, las protestas en Siria e Irán mantienen en vilo las alianzas que pudieran surgir en el caso de que ambos regímenes cayeran ante la presión de unas sociedades con altísimo malestar político y económico.

 

Hamás es un movimiento radical suní que si bien comparte intereses geoestratégicos a corto plazo con Irán y Siria, como el rechazo al Estado de Israel, una postura antiimperialista frente a Estados Unidos y el apoyo a la resistencia del pueblo palestino, no comparte en absoluto intereses a largo plazo, como pueden ser el establecimiento de una alianza musulmana suní en la región. Por ello, una coalición con los Hermanos Musulmanes, de quienes al fin y al cabo Hamás es una escisión, representa una postura más coherente.

 

El acuerdo entre Al Fatah y Hamás puede interpretarse de dos formas. En primer lugar, como un abandono o distanciamiento de Hamás frente a Irán y Siria. Se trata, sin embargo, de una opción poco probable dado que los Hermanos Musulmanes egipcios aún no se han presentado a elecciones y sería arriesgado para Hamás jugarse todas la bazas a un posible –pero de momento imaginado– triunfo de los Hermanos, en lugar del actual y real apoyo tanto de Irán como de Siria. En segundo lugar, el acuerdo puede interpretarse como una concesión siria, al más puro estilo del “palo y la zanahoria” de los Assad, para mandar una señal de aviso a la comunidad internacional. Siria puede así adelantar una de las razones por las que la comunidad internacional debería ser paciente en la resolución de la cuestión siria.

 

Al fin y al cabo, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. De desintegrarse la Siria de El Assad, Hezbolá y Hamás podrían ganar autonomía, y ambas milicias cobrarían vida como plenos actores políticos en sus respectivos tableros en Líbano y en los territorios palestinos, sin deber obediencia a terceros. Este parece un escenario alejado en la actualidad, mientras el régimen sirio siga unido y los líderes de Hamás y Hezbolá hayan reafirmado su alineamiento con Siria. Una mayor autonomía de ambas milicias restaría poder a Damasco, pero también desintegraría el lazo de obediencia y, por tanto, acabaría con cualquier influencia que la comunidad internacional pudiera tener a través de las presiones sobre el régimen de El Assad. En otras palabras, El Assad puede controlar y dirigir Hamás y Hezbolá. Destruir el régimen destruiría también el único medio de presión indirecto de la comunidad internacional sobre las milicias. Un control unidireccional iraní sin intermediarios sobre Hezbolá y Hamás sería igualmente contraproducente para la comunidad internacional, ya que Teherán es menos previsible que Siria y está menos sujeto a los intereses regionales, económicos y de dinámicas fronterizas.

 

La vacilación de Israel y EE UU
Tan sorprendente ha sido la tenue respuesta de la administración de Barack Obama hacia El Assad como la de Israel. Ambos países llevan décadas condenando a Siria como foco desestabilizador en la región, así como las ambiciones nucleares de El Assad. Sin embargo, israelíes y estadounidenses parecen jugar el mismo juego que el líder sirio, dando “una de cal y otra de arena”. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha condenado las muertes de civiles fruto de la represión policial en Siria y ha reclamado reformas inmediatas, pero sigue ofreciendo oportunidades para la reinserción política de El Assad como líder autócrata pero reformador. Esta mano tendida muestra que EE UU no las tienes todas consigo y que en plena incertidumbre, con la transición abierta en Túnez y Egipto, y en medio de una guerra en Libia que ha despertado los fantasmas de Irak, la caída de El Assad no es hoy el escenario ideal tantas veces anunciado.

 

El gobierno israelí ha optado por la cautela y el silencio. El tan extendido –aunque poco justificado– temor a un resurgir del islamismo radical en un Oriente Próximo post-revolucionario empuja al régimen de extrema derecha israelí a preferir “el radicalismo político de Bashar, que el radicalismo islámico” que pudiera sustituirle, en palabras del parlamentario del Likud Ayoob Kara. Esta posición ha puesto de manifiesto una vez más la política del doble rasero, desacreditando aún más a la comunidad internacional entre el pueblo árabe cuando se trata de derrocar a autócratas en la región.

 

La unanimidad a la hora de atacar a Muammar el Gaddafi fue bastante rápida y consensuada, mientras que para El Assad se está reduciendo a débiles amenazas. Al fin y al cabo, Israel y Siria mantienen 30 años de guerra fría. Desde 1973, no han protagonizado enfrentamientos armados. En 2007 el ejército israelí bombardeó una base siria que supuestamente albergaba un centro nuclear, sin que se produjeran represalias. En 2008, Imad Mughnye, jefe de las operaciones militares de Hezbolá, fue asesinado con un coche-bomba en Damasco. La omnipresencia de los servicios secretos sirios y el hecho de que el atentado no tuviera mayores repercusiones llevó a pensar en la connivencia siria, enfriando temporalmente sus relaciones con Hezbolá.

 

En tres ocasiones desde principios del siglo XXI se vaticinó un acuerdo de paz sirio-israelí. Tras el 11-S, el acercamiento se produjo mediante el intercambio de información con EE UU sobre redes terroristas, reduciendo las actividades de Hamás en territorio sirio y manteniendo negociaciones indirectas con Israel. En 2003 el régimen sirio dio un primer paso. Y en 2008 Turquía se presentó como nuevo mediador. Pero todos los intentos cayeron en saco roto.

 

Si bien la total recuperación del Golán ocupado por Israel desde 1967 permitiría sellar un acuerdo entre ambos países sin desacreditar a El Assad, Israel apostó por la política de “resultados primero y acuerdos después”. Exigía que Siria rompiera con Irán, Hezbolá y Hamás antes de sellar ningún acuerdo. Esta exigencia suponía un suicidio político y económico para el régimen sirio, que cuenta con pocos aliados como para prescindir de aquellos que aún le confieren un peso regional y una válvula de escape al embargo económico. Irónicamente, esta es la misma política que ha adoptado el régimen de El Assad con la oposición interna, exigiendo un cese de las manifestaciones como condición previa a posibles negociaciones.

 

Israel mantiene frontera con cuatro países árabes: Jordania, Egipto, Siria y Líbano. Hasta hora tenía acuerdos de paz con los dos primeros. De conseguir los Hermanos Musulmanes egipcios una mayoría de escaños en el Parlamento en las próximas elecciones, previstas para septiembre, podrían vetar toda decisión política, incluyendo revertir o modificar el actual acuerdo de paz con Israel. Ante tal incertidumbre sobre la relación de Egipto con Israel, Siria cobra paradójicamente mayor fuerza, al tiempo que El Assad parece arrinconado por su pueblo. El presidente sirio no solo mantiene hasta la fecha una frontera estable con Israel –que tan solo se ve alterada por la retórica política– sino que también puede influir en la frontera norte de Israel con Líbano a través de Hezbolá.

 

Siria e Israel han protagonizado choques indirectos como la guerra de Tamuz de 2006, entre el ejército israelí y Hezbolá, o la de Gaza en 2008-09 con Hamás. En las negociaciones de paz que se iniciaron entre Siria e Israel, se considera a Líbano parte del lote: si Siria sella un acuerdo de paz, Líbano le seguirá proporcionando a Israel tranquilidad y seguridad en sus cuatro fronteras.

 

Un régimen a prueba de presiones
Si bien se puede interpretar el acuerdo entre Hamás y Al Fatah como una muestra de buena voluntad por parte de Siria para poner de manifiesto su capacidad de influencia en la resolución del conflicto palestino-israelí, también ha enviado una clara advertencia, incluso bajo la coyuntura interna, para mostrar que aún puede desestabilizar la región.

 

El mes de mayo marca una conmemoración diametralmente opuesta de lado a lado de las fronteras con Israel. En primer lugar, la creación unilateral del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948. En segundo, la Nakba (“catástrofe” en árabe) el 15 de mayo para los palestinos, con el inicio de su masiva expulsión y exilio, hoy convertidos en “el caso de los refugiados palestinos”. Si bien en años anteriores la conmemoración de la Nakba se celebraba en las fronteras de los dos países sin que se produjeran enfrentamientos, este año se ha asegurado, mediante autobuses sirios y la organización de Hezbolá en el sur de Líbano y del ejército sirio en el Golán, una asistencia masiva. La conmemoración culminó con 15 muertos a manos de militares israelíes y decenas de heridos. Si bien sirvió para reavivar la olvidada causa del derecho al retorno de los refugiados palestinos, también recordó la capacidad de maniobra siria en el conflicto palestino-israelí.

 

A ello le han seguido varias amenazas indirectas, sobre todo con vistas a desestabilizar el vecino Líbano. Los enfrentamientos del 5 de junio entre palestinos y soldados israelíes en el Golán, el atentado en Sidón contra un convoy de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano (Unifil) o los enfrentamientos armados entre suníes y alawitas en Trípoli van sumando a la inestabilidad regional. Tras el recrudecimiento de las sanciones internacionales, el régimen Sirio ha cortado la vía diplomática y se aferra al poder. El Assad parece optar por una vía radical y, de verse cercado, antes que abandonar el poder, podría provocar un conflicto en Líbano o en la frontera sur con Israel.

 

La condena internacional del régimen sirio ha sido leve hasta la fecha. Las sanciones de la Unión Europea llegaron cuatro semanas después del inicio de las protestas, y los europeos tardaron otras dos en condenar a El Assad, dando oportunidades al presidente sirio para retornar al camino “adecuado”. A pesar de ello, El Assad parece seguir utilizando el mismo lenguaje político, alternando concesiones y amenazas. Mientras a la comunidad internacional le prometía un régimen rejuvenecido y abierto hacia las reformas económicas, apretaba el cerco de la represión política interna. Si durante las protestas promete reformas, continúa la matanza de manifestantes, el arresto de opositores y el cierre de filas entre el régimen y el ejército.

 

En una primera fase, la UE prohibió el acceso a visados y congeló los bienes a 13 miembros clave del aparato de seguridad y económico del régimen, al tiempo que se imponía un embargo en la venta de armas. Más tarde se ha incluido al presidente sirio en las sanciones. Igualmente, se ha suspendido la firma del acuerdo de asociación UE-Siria, pendiente de ratificación desde 2004, cuando Washington presionó a los europeos para incluir cláusulas de condicionalidad políticas y de actividades nucleares. En 2010, bajo la presidencia española de la UE, España presionó para la firma del acuerdo sin mayores resultados.

 

Las sanciones impuestas por la comunidad internacional tienen poco impacto sobre la represión de las protestas. Por un lado, la oposición de China y Rusia a votar un texto de condena en la ONU hacia Siria pone de manifiesto contradictorios intereses en la zona. El embargo económico de Washington en 2003 a través de la Syria Accountability Act (SAA), que se amplió en 2006 y renovó en 2009, ha tenido un mayor impacto que las actuales sanciones en la política interna y en el levantamiento social. Siria se ha visto obligada a diversificar sus socios económicos acudiendo a China en el intercambio económico y a Rusia para, entre otros asuntos, el abastecimiento de armas. En paralelo, Siria ha abierto sus fronteras con Turquía, con quien lleva a cabo ejercicios militares. Desde 2009, Turquía se ha convertido en un socio clave, proporcionando el 7,3 por cien de las importaciones sirias. Por ello, la condena al régimen sirio por parte del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, es un golpe mayor que las sanciones internacionales.

 

Erdogan ha tomado partido no sólo en el plano diplomático, sino auspiciando una reunión de la oposición siria en su país. Con ello, es posible que Siria pierda un potencial aliado en la región a largo plazo así como el canal de comunicación con Europa. Turquía, por su parte, perdería en lo económico, pero subiría un escalón en sus ambiciones de liderazgo regional frente a un Egipto en transición, un Irak debilitado y un Golfo dividido.

 

Nueva rivalidad chií-suní
Al igual que las dinámicas mencionadas entre Siria, Hamás y Hezbolá, no existe juego de suma cero, sino una inmensidad de nuevas oportunidades ante una posible caída del régimen sirio y la consiguiente reformulación de alianzas regionales. Las revueltas en el norte de África y Oriente Próximo pueden poner de nuevo en juego las rivalidades de dominación entre suníes y chiíes.
Ante una posible caída del régimen sirio –y pese a su carácter fundamentalmente laico– el principal afectado sería Irán y sus ambiciosos planes de dominación chií en la región, ya que Siria es vital en el eje Irán-Hezbolá. El hecho de que el Consejo de Cooperación del Golfo haya fracasado a la hora de mediar entre el régimen sirio y la oposición, o entre el régimen y la comunidad internacional, pone de manifiesto las rivalidades internas saudíes e iraníes en sus respectivos planes de dominación en la región: el Golfo en particular y Oriente Próximo en general.

 

Los ataques a chiíes en Bahréin, el acorralamiento de El Assad, las protestas internas iraníes y la inestabilidad del régimen iraquí, junto con el auge de los Hermanos Musulmanes en Egipto y el éxito del Partido Justicia y Desarrollo de Erdogan en las elecciones del 12 de junio en Turquía, ponen en jaque las ambiciones de establecer un eje chií supremo. Uno de los países beneficiados sería Arabia Saudí, mientras mantenga el control de su país a base de apoyo internacional y una redistribución de los más que suficientes ingresos del crudo.

 

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Los jóvenes de Maroun al-Ras: los menos entrenados los más con un sueño


 

 

© Natalia Sancha 2011- Nakba- Maroun al-Ras 15051

 

Entre tiros, recogida de muertos y heridos los jóvenes de entre 15 y 20 años no pueden creer que están a dos metros de Palestina. “Cruzar la verja electrificada y besar el suelo. Eso es lo que quiero” dice Redwan. Con 20 años y a punto de graduarse en ingeriría sueña con pisar Palestina. “Nosotros no somos terroristas. Solo queremos tocar nuestra tierra esta ahí, justo ahí”. Apenas puede contener la emoción. “Hemos lanzado piedras sí, a nuestra tierra, contra quien las ocupa. ¿Un tiro en el pecho como respuesta? ¿Y nosotros somos los terroristas? ¿Dónde está el mundo?. Por cada mártir que caiga regresaremos veinte más. No tenemos miedo”. Se agacha con el zumbid de las balas. Su amigo cae al suelo herido. Redwan regresa con un zapato blanco ensangrentado imitación de Dolce&Gabana en la mano. “Pienso llevarme este zapato, escribir en él estos son vuestros derechos humanos y tirarlo al jardín de las Naciones Unidas en Beirut!”.

 

© Natalia Sancha 2011- NINGUNO DE LOS DOS JOVENES EN LA FOTO SON HASSAN-Nakba- Maroun al-Ras 15051

Hassan, tiene 21 años, parece ajeno al escenario de guerra que le rodea y busca minas en el espacio donde los jóvenes recogen piedras. “Yo estudio mecánica, pero recibí entrenamiento de Fatah. Vamos al campo de Rashidie a entrenarnos. Unos aprendemos el desminado, otros a tirar con mortero, o Kalashnikov, M16 o pistolas americanas” explica mientras prosigue enfrascado en su tarea y marca con palos las zonas minadas.


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Los mártires de la Nakba (“Catastrofe”- Maroun al-Ras)

Natalia Sancha- Maroun Al-Ras (Frontera Libano-Israel)

© Natalia Sancha 2011- Nakba- Maroun al-Ras 150511

Con cantos, tambores y bailes comenzaba el 63 aniversario de la Nakba (Catástrofe). El mismo día que Ben Gourion proclamó unilateralmente la creación del Estado de Israel en 1948 comenzó el éxodo de miles de palestinos. Desde entonces de generación en generación se transmite un único legado: regresar un día a Palestina.

Cientos de autobuses repletos de jóvenes, niños  y mujeres partían de los 12 campos de refugiados palestinos de Líbano hacia Maroun Al-Ras, frontera sur con Israel. Al llegar comienza la música, los refrescos, los cantos nacionales. Un ambiente festivo truncado en pocos minutos.

Entre los altavoces y la verja electrificada que separa ambos países hay una empinada ladera que termina en una columna de soldados libaneses. Detrás,  una explanada de unos 200 metros minada que termina en la  verja detrás de la cual soldados israelíes se camuflan en un frondoso bosque. Un centenar de jóvenes logran romper la barrera de seguridad del ejército libanés y cruzan la explanada a toda velocidad hacia la verja. Muchos de estos jóvenes venidos de los campos de donde salen en pocas ocasiones veían por primera vez “su tierra” con emoción. Comienza la lluvia de piedras de jóvenes que no superan la veintena.

Primer tiro, primer “mártir”. Los jóvenes alzan su cuerpo inerte y lo suben cuesta arriba, jadeando, conjurando contra Israel con surcos creados por las lagrimas que limpian los rostros ensangrentados. De nuevo piedras. Más tiros. Todos al suelo. No se puede correr por riesgo a pisar una mina. No hay rocas ni árboles donde ocultarse. Los cuerpos se juntan a modo de protección, las manos de desconocidos se agarran y las cabezas se intentan hundir en la hierba como si eso bastara para escapar de las balas. Cae otro joven a pocos metros. No llega a los 20 años. Le aupan, el rostro compungido, antes de que se apaguen sus ojos. Otro “mártir” con un tiro en el corazón. Queda un surco de sangre bajo sus pies, vertida a pocos metros de Israel, o Palestina para él. Allí donde pretendía llegar hoy aunque sólo fuera para tocar su tierra. Su compañero ha tenido más suerte: le han dado en el brazo.

Un niña con su mochila al hombre aparece de la nada. “¿Qué haces aquí? ¿dónde está tu madre?”. “He venido sola, quiero ir a Palestina”. El hombre junto a ella le acaricia la cara, la carga a sus espaldas y se dirige colina arriba. Una señora sostiene la mano de su nieto vestido de militar mientras le grita “¡Esa es nuestra tierra, eso es Palestina míralo bien porque un día volverás!. Si mi nieto muere hoy será un mártir como su tío que murió aquí en la guerra de 2006” explica justificando su presencia en primera línea. Entre la hierba un señor sostiene su cara con la mano izquierda y el Corán con la derecha rezando en silencio en medio del caos. Una joven alza la bandera Palestina, recoge una piedra del suelo y la lanza  a la par que sus compañeros. Más piedras, más tiros, quinto muerto.

Una nueva ráfaga manda a todos al suelo, un hombre se alza entre cabezas y piernas, desesperado y con los ojos desencajados levanta una mina del suelo y la intenta lanzar contra los soldados israelíes. Cunde el pánico y la estampida, pero la mina no estalla.

Al  otro lado de la explanada llegan mas tanques libaneses. “¡Nos están disparando, están matando a  nuestros hermanos dejarnos pasar!” gritan los jóvenes palestinos. Estalla otra batalla a pedradas y palos esta vez entre palestinos y militares libaneses.

El ejército libanés decide forzar a todos a subir la pendiente y alejarse de la frontera con una interminable lluvia de tiros al aire y gases lacrimógenos. Es imposible correr seguido hasta la cima. Los jóvenes se detienen, trepan hacia arriba, mientras el reguero de desmayos comienza. “Agua, Agua, más agua” se pide por todas partes. Al llegar los últimos jóvenes arriba de la colina se oyen aplausos y una voz ronca grita “Alahu Akbar “ (Dios es grande).

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Marun al-Ras: Day of Death at Lebanese-Israeli Border

Here is  the edited version of my previous post at Jadaliyya: Read here at Jadaliyya

 

Nakba- Maroun al-Ras 150511

It all started as a commemoration. Buses, food, chanting, and derbakehs. We arrived to Maroun Ras after four hours of driving from Beirut. Some youth go off the path and start running downhill towards the border … they are not aware that there are mines on the way. Chanting while stones are thrown at the Israeli soldiers hiding between the electric fence and the forest. Impossible to be reached by stones. We hear the first shooting. The first martyr is less than twenty years old and they say he is from Ein al-Hilweh camp, near Saida. The second one is fourteen years old.  Ambulances finally arrive. Then the Lebanese army gets in the way of Palestinians trying to reach the electric fence. “We are all Palestinians, this is our land, we want to be with our brothers. They are killing them. Do something.” The Lebanese army does not interfere, neither does UNIFIL. Palestinians throw stones at the Lebanese army. Fire continues in the front. Shootings. We throw ourselves to the floor. We cannot run. We cannot move, there are mines all around us. The man two meters away from me is shot in the heart. The third “martyr.” Next to him, another man is shot in the leg. Out of desperation, one man takes one of the mines from the ground. We all start running. He wants to throw it at the Israeli soldiers. More shooting. A man shot in the cheek, another in the leg, another in the arm … it continues. The Lebanese army move all the Palestinians back, but they insist to keep going to the border. The girls push. The Lebanese army stop them. The men tell the army “don’t touch our women.” The girls start running, free, crazy, shouting “Palestine” towards the fence. “There are mines!!! Stop!!! Stop!!!” The girls stop. A girl, paralyzed, is rescued. I found a nine year-old girl in the front. How did you come here? Where is your mom? “I came alone … I want to go there” as she points to the fence. The men next to me take her away, back up to the hill.  More Israeli soldiers arrive. More Lebanese soldiers arrive. The Lebanese army forces Palestinians to return up the hill, far from the fence by shooting thousands of bullets in the air that sounded like hell for ten minutes … we are all on the floor, heads down. One, two, three, four, five … ten women faint and some men carry them uphill among stones and rocks. Shooting continues. Now gas. We barely can breath running uphill, no water, gas, shooting, fainting. The shooting continues until we are all up. We don’t know how many dead. I saw four, they say fifteen. From where? Rashidie? Ein al-Hilweh? People want to know from which camp. Crying. The “Nakba Day” ends up of the hill. “Allahu akbar, allahu akbar” screams an old man.

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Nakba day- Is Syria using young Palestinians to send a message?


Fadel Taha . Political officer of Hamas in Saida- Ein El Helwe- © Natalia Sancha 2011

To balance the post of the Fatah guy talking about Syrian been behind the Nakba confrontation in Maroun al-Ras I have to add that today I interviewed Fadel Taha in Ein el helwe (Hamas political representative in the camps of the South and North) and he said that every year they bring 40 or 50 busses to the border, is not the first time they do so. But this time was larger event. he added that if they wanted to crate chaos it would have been with armed people and in an easier acces place as Bab Fatima. In fact in Maroun al-Ras there is 500 meters separation of mined land between the place of festivities and the fence of the border with few meters of security separation. In Bab fatima you have direct acces between the fence and both countries. This contradicts the version of the Fatah guy I mentioned couple of post below. I wil add I drove one hour back to Beirut from Maroun al Ras behind a bus with Syrian plaque.

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Funerales en Ein El Hewle por las víctimas de Maroun Al-Ras

Natalia Sancha- Campo de refugiados de Ein El Helwe (Saida- Líbano)

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Funerales Abdel Rahman Sabha -Ein EL Hewle 20 años-© Natalia Sancha 2011

Abdel Rahman Sabha tenia 19 años cuando ayer se lanzó con vítores, cantos y su pañuelo palestino enrollado en el cuello hacia la frontera libanesa con Israel, lo que él consideraba Palestina. Agarró una piedra y la lanzó. Una bala le perforó el pecho. Cayó al suelo. Fue alzado por sus compañeros que vieron como se extinguió en breves segundos su último hilo de vida.

Esta imagen la tomé ayer en Maroun al-Ras-No he podido comprobarlo pero creo que es Abderahan, justo después de ser disparado. Funerales Abdel Rahman Sabha -Ein EL Hewle 20 años-© Natalia Sancha 2011

 

Hoy le lloran los suyos. Reposa amortajado sobre una camilla transportada por miles de palestinos en su campo de refugiados, Ein El Helwe, en la sureña ciudad de Sidón. Le acompañan miles de refugiados como él, unos jóvenes, otros mayores. Milicianos armados con rifles, kalashnikovs y pistolas disparan al aire. Las mujeres vestidas de negro, rezagadas a cola de la comitiva, cantan por el mártir, por los hijos caídos y piden la “muerte” de Israel.

La comitiva para y retomar el aliento, las mujeres vierten gotas de agua con sus manos desde los balcones sobre las cabezas que sudan bajo un inclemente sol. Otras lanzan arroz que se pegan en las frentes sudorosas de aquellos que portan el cuerpo. “Por nuestra alma, por nuestra sangre, regresaremos a Palestina” corean los jóvenes mientras la comitiva reanuda la marcha hacia el cementerio.

Funerales Abdel Rahman Sabha -Ein EL Hewle 20 años-© Natalia Sancha 2011

El día de la Nakba (Catástrofe) se cierra con los funerales y el juramente de regresar a Palestina. Un ambulancia transporta el cuerpo de Imad Abu Shakra de 18 años que prefieren mantener oculto con el rostro desfigurado tras ser alcanzado por una bala israelí.

Los dos jóvenes son enterrados entre el llanto de las mujeres y el tronar de tiros y casquillos que caen al suelo regando el ambiente con un fuerte olor a pólvora.

Un Miliciano dispara un cargador al aire en el momento de enterrar a Abderahman- Ein El helwe- Natalia Sancha 2011

“Siria ha provocado un enfrentamiento para distraer la atención”

Un miembro de Fatah que prefiere no revelar su nombre se lamenta de lo ocurrido. “Esto es lo peor que podía pasarnos a los palestinos. Ser usados como moneda de cambio, carnaza”. Bien informado, este hombre asegura que ha sido una maniobra del régimen sirio con la connivencia del Partido de Dios (Hezbolá) para distraer la atención mediática y política sobre la represión interna siria. “Hezbolá no ha dejado nunca a los palestinos acercarse a la frontera con Israel. Y ayer no sólo podemos casi tocarla sino que nos llevan en autobuses”.  Hezbolá estaba encargado de la organización del evento y sus hombres controlaban matriculas y documentación de aquellos que se dirigían a Maroun al-Ras, en la frontera libanesa con Israel. “Pidieron que los palestinos que fueran allí se registraran con antelación y a la mayoría de adultos entre 30 y 50 años no los dejaron. Querían jóvenes de 15 a 20 años a los que se puede calentar rápido para crear caos”.

Abed trabaja en un hospital cercano al lugar del evento. “Hezbolá no nos dejó llevar ambulancias, dijeron que sólo la media luna estaría autorizada. Había cuatro ambulancias para unas 20,000 personas. Fueron insuficientes y los primeros mártires murieron desangrados. Los israelíes matan a  los jóvenes palestinos, los libaneses no interfieren y los sirios los mandan a  la muerte para mandar un mensaje de amenaza y de distracción. Somos como marionetas” se lamenta.

 

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