Hoy he decidido dedicar este post a nuestros amigos-enemigos los taxistas. Esa raza que a pesar de las diferencias culturales y los quilómetros que les separan de sus compañeros de oficio en otros países del mundo, siguen siendo una especie a parte.
En mundo árabe, y dada la ausencia de transportes públicos en la mayoría de los países, toca la versión del taxi colectivo o “service “ como se le llama por estas tierras.
Si en Europa muchas historias habría que contar, aquí se convertiría en un post interminable. Me reduciré pues a las mas notorias experiencias con esta raza a parte que componen los taxistas árabes.
Cualquiera que viva en mundo árabe sabe lo que significa el acoso simplemente porque estos services no paran durante las 24 horas del día de pitar a cada transeúnte, es como un tic, que llevan dentro de la sangre. Te ven aparcando el coche, cerrando la puerta y aun así te pitan y preguntan si vas a alguna parte. Si les miras despreciativamente, como “Estúpido no viste que estoy en coche y no necesito un taxi” te puedes llevar como respuesta “sharmuta” es decir “puta” en lengua árabe.
Los services, son taxis colectivos. Es decir ellos paran y tu te subes cuando ya hay otras personas en el taxi. Se supone que te cogen cuando vas en la misma dirección que el resto de pasajeros, pero dada la crisis te subes y un trayecto que debía durar 15 minutos se convierte en tres cuartos de hora. Es decir pongamos que en Madrid un taxi te recoge para ir a Moncloa pero ha de pasar antes por La Castellana a dejar a otro cliente. Por lo que el tiempo se convierte en Líbano en una medida atemporal. Una llega cuando llega a la cita, reunión, o junta de Estado. Basta con decir el service o el tráfico andaba mal que todos asentirán compartiendo un sufrimiento colectivo.
Para los extranjeros el service es de una utilidad única sobretodo si se empieza a aprender el idioma. La conversación típica es “¿Estás casada?”. Si la respuesta es afirmativa le sigue con “¿Con quién? ¿Beit min? “ que quiere decir de que familia, versus de qué religión y qué opinión política tiene tu pareja libanesa (Líbano es un pueblo donde todos se conocen al fin y al cabo y si no, ya conocerán a alguien de tu familia/tribu o de algún circulo de tu colegio o universidad). Si da la casualidad de que su religión -entre las 17 que se profesan en Líbano- coincide con la de tu pareja, la conversación no tendrá fin y se zanjará con la hospitalidad propia del lugar: “Te invito al taxi, somos familia”. Le sigue lo de “¿Tienes hijos?”. Si respondes que llevas casada mas de un año y no tienes hijos, le seguirá eso de “No te preocupes…Alá es grande y tiene sitio en su guarda” es decir “ no te preocupes pobre estéril, que aunque no puedas procrear -último fin de tu existencia- te tendremos en cuenta”. A lo que una se acostumbra -y por variar la monotonía diaria- a inventar una vida nueva cada día. El día que decido tener 7 hijos, soy una heroína, todo dado a la fertilidad y a mi joven apariencia. Los pasajeros me felicitan y se suceden las exclamaciones de satisfacción. El día que decido ser infértil, me llevo abrazos de compresión por parte de las clientas mujeres y alguna mirada de reproche por parte de los varones.
Eso sí, me sigue sorprendiendo el ego de los taxistas hombres en Beirut. En muchas ocasiones a la regular pregunta de ¿Estás casada? le sigue “Que pena, si no fuera por eso…”. Generalmente es un hombre de 60 años, el doble de mi edad, con una barrida de 12 meses de embarazo, bigote, calvo, y con tres dientes salvables en la boca, quien decide que la única barrera entre él y yo en una cama, es mi matrimonio. En otras palabras al no estar casada me lanzaría a los brazos del Quasimodo cual princesa encantada. Llegó un momento que tal ofensa, todo a los pocos meses de aterrizar en Beirut, me indignaba. Comencé a luchar cual feminista europea levantando el dedo índice al gritar: “!!Usted cree que lo único que nos separa es mi matrimonio!! ¿Y no su barriga?”. Me miraban desconcertados como si de una lunática se tratara. Tras pasar varios años en Líbano y ver muchos Ferraries, Hummers, Rolls Royce y otras marcas de descapotables y deportivos que nunca sabré pronunciar, descubrí que existe un fiel mercado de marido gordo, bajito, feo y con bigote versus tipa buena, siliconada, joven. De ahí que un taxista – un trabajo mas bien respetable y prometedor- concibiera que un matrimonio con alguien la mitad de joven estuviera a su alcance a pesar de su triste apariencia mas mental que física. Y eso sumado al extendido rumor en Líbano de que las extranjeras podemos ir a la cama con tipos y tipas sin estar casados. Pero creo que confunden la grasa con el tocino. Como no respetamos la regla de “virgen hasta el matrimonio” piensan estas “se follan a cualquiera”. Vaya que no hay rigor ni discriminación alguna a la hora de elegir pareja.
Si la irregularidad, el despiste y el destartalamiento de los services se suele pasar por alto porque se consideran baratos (1 euro el trayecto que ya no están barato), el taxi no es siempre una opción mejor.
Los taxistas se consideran una raza superior a los conductores de services. No actúan cual tiburones de la ruta pitando a diestro y siniestro intermitentemente, pero cuando pitan no despegan el dedo en al menos 5 minutos. Piensan que porque sus coches no apestan, sus sillones son de cuero, las luces funcionan, las puertas tienen manillas para abrir las ventanas, la radio funciona en mas de un canal o no puedes ver la carretera a traves de agujeros del suelo del coche son puro lujo. Algunos hasta fuman dentro del coche puros para mostrar que pertenecen a la clase alta del volante. No obstante, aquí hay un problema de base entre extranjeros y taxistas locales. O bien los taxistas locales son unos completos ignorantes de las calles, direcciones y demás servicios básicos por los que se suele remunerar a un taxista en el extranjero. Bien los europeos en Oriente Medio no hemos llegado a comprender la insoportable levedad de los mapas, los nombres de las calles y colores de mezquitas para nuestros hermanos libaneses en particular y los árabes en general.
Dicho esto, para ir a algún sitio en taxi y ser puntual hay que haber estado previamente en esa dirección. Suena contradictorio porque en Europa se cogen los taxis precisamente cuando no hemos estado nunca en el lugar al que vamos. Aquí no! señores y señoras… Aquí se para al taxista y se le pregunta unas 15 veces seguidas como si habláramos con un niño pequeño: ¿Conoce usted esta calle mengano en el barrio fulano? Mire que no conozco la dirección y es la primera vez que voy. Empieza la composición del puzle: ¿Está cerca de la mezquita tal o de la iglesia tal o del edificio tal? A lo que le sigue una larga conversación telefónica con el dueño de la casa de destino. “Si que se donde es!” Responde triunfante y convincente el conductor. Una se sube feliz al taxi -feliz porque me conozco bien las tarifas en el Líbano y han dejado de ser motivo de pelea para mi- de que el conductor sepa a donde nos dirigimos.
Mi gozo en un pozo a cada vez que esto ocurre porque al poco de trayecto se parar el conductor a preguntar en las calles
Taxista: “ ¡Oiga! ¿Sabe usted dónde está la calle mengana en el barrio fulano?”
Pasajera frustrada: “ Pero hombre no sabía usted donde estaba la calle?”
Taxista:” Si si, si que lo se, es para asegurarme”.
Tras dar 8 vueltas en la misma manzana para según él asegurarnos que la casa está bien donde la construyeron hace 100 años, al final el hombre estalla:
Taxista: ” Mire la casa tenía que estar aquí y no está, esa dirección esta mal así que ya llegamos”.
Pasajera muy frustrada: “No señor si la casa tenía que estar aquí ¿Por qué el nombre de la calle no coincide? .
Resoplido y el hombre da otras cuatro vueltas hasta que un abuelito finalmente nos orienta. Al llegar a la dirección el taxista está mas que cabreado y exige el doble del pago normal.
Pasajera a punto del infarto y llegando media hora tarde: “Señor taxista no le voy a pagar mas porque le pregunté 15 veces antes de subirme si sabía venir y me dijo que sí, y le deje hablar con el dueño 15 minutos en mi teléfono para que le explicara…”.
Taxista cabreado tornando a color rojo: “ Pero si he perdido toda la tarde por 6 euros, la gasolina ha subido, y en este país no hay leyes y blablablablablabla”.
Pasajera bajándose del coche y dejando el dinero sobre el asiento delantero: “Señor es su culpa por no saber donde vamos no la mía”. (Aqui la diferencia entre una pasajera local y una extranjera es que nosotras intentaremos siempre dejar claro que tenemos razón, que no fue nuestra culpa, que somos justas, que estamos pagando lo debido etc..mientras que la pasajera local levantará con estilo la cabeza al salir del taxi, mirará de forma despreciativa al conductor y echará a andar moviendo las caderas con elegancia y como si la cosa no fuera con ella).
Taxista y pasajera terminan a grito pelado en la calle, unos sonrientes obreros intervienen a favor de la extranjera, algún dependiente intenta calmar al taxista y devolverle a su coche … y así suele termina un trayecto mas en taxi, un día mas en Líbano, así y con la cena indigestada…..










